sábado, 23 de junio de 2012

HISTORIA DE LA MUJER EN EL ARTE DE CURAR

Desde tiempos remotos, la mujer ha participado en la práctica de la medicina, pero siempre ha tenido que luchar para hacerse valer en unas sociedades machistas y excluyentes. La medicina y otras ramas de la ciencia, estuvieron vetadas a las mujeres que gracias a su esfuerzo, fueron ganándose un lugar en su trabajo y en la historia.
Mujeres en las primeras sociedades
En las primeras sociedades, el concepto de enfermedad es mágico y misterioso. No existe distinción entre enfermedad orgánica, funcional y psicosomática. Reconocen como causa de la enfermedad la infracción de un tabú, el hechizo dañino, la posesión por un espíritu maligno, la intrusión mágica de un cuerpo extraño y la pérdida del alma.
Las tradiciones orales de las primeras sociedades hablan de la mujer como recolectora y descubridora de las propiedades medicinales de las plantas, y se dice que ya en el año 3000 antes de nuestra era las mujeres estudiaron y trabajaron como médicas y cirujanas.
Mujeres egipcias
En la antigua civilización egipcia, la medicina se enseñaba en las casas de la vida adjuntas a los templos. En ellas se realizaban los cuidados especiales a los enfermos y se formaba específicamente a médicos por medio de prácticas controladas por los sacerdotes, prácticas que luego aquellos ejercían con la clientela.
El conocimiento que tenemos sobre la medicina en esa época proviene del contenido de diversos papiros: el papiro Edwin Smith, que es el documento quirúrgico más antiguo que se conoce, pues data del siglo XVII a.C. y transmite conocimientos de una época anterior; el de Ebers, que es una recopilación de textos médicos; el de Lahun, que se refiere a ginecología; el de Hearst, que es un formulario médico práctico y el de Londres, que contiene numerosos encantamientos.
También nos han llegado indicios de la medicina egipcia a través de las ostracas y de recetas copiadas por los griegos, concretamente Hesy-Ra, que vivió hacia el año 3000 a.C.,es el médico más antiguo que se conoce.
El ejercicio de la medicina, pertenecía casi exclusivamente a los sacerdotes, pero existieron algunas escuelas de medicina dirigidas por mujeres, en las cuales se enseñaba a las alumnas la práctica de la medicina.
En Grecia, en el denominado Siglo de Pericles, por motivos políticos relacionados con la representación del poder, a la mujer helena, se le prohibió ejercer la medicina e incluso la obstetricia le fue negada. 
Agnodice
Agnodice
En esta sociedad destaca una mujer valiente y decidida a ejercer la medicina: Agnodice. Vivió durante el siglo IV a.C. y se disfrazó de hombre para seguir los cursos de medicina impartidos por el célebre médico Herófilo. Superó brillantemente el examen y se hizo ginecóloga. Sus éxitos profesionales despertaron la envidia de los otros médicos que la acusaron de abusar de sus pacientes, fue llevada ante el Areópago, la autoridad de esa época. En su defensa, Agnodice, decidió revelar su verdadera identidad, lo que agravó aún más la situación ya que fue acusada de violar la ley que prohibía a las mujeres ejercer la medicina y fue condenada a muerte. La sentencia no llegó a cumplirse gracias a que las mujeres de algunos principales ciudadanos de Atenas a las que había curado la defendieron y consiguieron que la ley fuese invalidada.
Botica romana
En la civilización romana, la medicina era esencialmente griega, pero los romanos hicieron tres contribuciones fundamentales: los hospitales militares, el saneamiento ambiental y la legislación de la práctica y de la enseñanza médica.
Los hospitales militares nacieron como respuesta a la expansión progresiva de la República y del Imperio. Donde más avanzó la medicina fue en el ejército. En época republicana no existía la asistencia sanitaria, los legionarios eran abandonados a su suerte o al cuidado de sus compañeros. Ocasionalmente eran atendidos por los médicos personales de los generales. Generalmente eran atendidos con algunas hierbas o ungüentos.
El saneamiento de la cuidad se desarrolló desde sus inicios y sobre todo con las obras de la construcción de la cloaca máxima.
Ley de las XII Tablas
En la Ley de las XII Tablas, se prohiben los entierros dentro de los límites de la ciudad, los ediles eran los responsables de la limpieza de las calles y de la distribución del agua. El aporte de agua se hacía por medio de acueductos que luego se distribuía a fuentes, cisternas, baños y a casas particulares. El agua usada para los baños era casi gratuita. También se recolectaba el agua de lluvia, que era utilizada para preparar medicinas. En general las condiciones de higiene ambiental en Roma eran tan buenas que desconocía por completo la existencia de microbios. Julio Cesar, concedió la ciudadanía a todos los que ejercieran la medicina en Roma. Los honorarios de un médico eran altísimos.
Se estableció un servicio médico publico, la cuidad contrataba a los médicos y les proporcionaba local e instrumentos para que atendieran de forma gratuita a cualquier persona que solicitara ayuda. Los salarios de estos profesionales los fijaban los consejeros municipales.También se creó el servicio médico de la casa imperial y muchos patricios tenían a su servicio a médicos para que atendieran a sus familias. Con el tiempo también se legisló que la elección de un médico al servicio público debería ser aprobada por otros siete miembros de ese servicio. 
Salpe de Lemmos
Las mujeres fueron aceptadas como médicas, algunas lograron un gran prestigio. Muchas de ellas escribieron tratados fundamentales, como Filistra y Lais, que fueron especialistas en obstetricia. Salpe de Lemmos, escribió sobre las enfermedades de los ojos y Metedora sobre las del útero, estómago y riñones. Los tratados de Aspasia, médica especializada en obstetricia, ginecología y cirugía, que vivió en el siglo II, fueron los escritos femeninos sobre anticonceptivos y abortivos más importantes hasta el siglo XI.
La Edad Media, período comprendido desde el año 476 con la caída del imperio romano, hasta el 1492 con el descubrimiento de América. Es ésta una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural y un aletargamiento social y económico, predominando el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista.
La educación médica, dejó de ser laica y los interesados en ella debían de tomar los hábitos y seguir las reglas de las distintas congregaciones. Si incluso para los hombres resultó difícil optar al estudio y práctica de la medicina, para las mujeres fue imposible.
Madre Hildegarda
En 1098 en Alemania, nace Hildegarda en el seno de una familia alemana bien acomodada. Al ser la menor de diez hijos, fue considerada como el diezmo para Dios y  le fue consagrada desde su nacimiento, según la mentalidad medieval. Se dedicó a la vida religiosa y fue entregada para su educación a Jutta de Spanheim, que le instruye en el rezo, en la lectura del latín, en la lectura de la Sagrada Escritura y en canto gregoriano.
Cuando Hildegarda cumplió catorce años, ambas ingresaron en el monasterio Disibodenberg. Este monasterio era masculino, pero acogió un pequeño grupo de reclusas en una celda anexa bajo la dirección de Jutta. Esta celda se convirtió en un pequeño monasterio donde Hildegarda continuó con su educación.
Desde muy niña tuvo visiones y a los cuarenta y dos años, en un episodio de visiones más fuerte, recibió la orden de escribir las visiones que tuviese en adelante. A partir de entonces escribe sobre sus experiencias.
Su conocimiento científico es experimental y con gran sentido de la realidad, lo contempla atentamente y lo interpreta a la luz de la fe y de la visión interior que la caracteriza.
A pesar de esto, en las obras de medicina, de farmacología, de hierbas y de plantas medicinales, no entra el conocimiento sobrenatural, sino que son fruto de la observación de la naturaleza, de las enfermedades de las monjas y de los vecinos, y de las parturientas del pueblo que ella atendía. Es una mujer observadora y aguda que toma nota de todo aquello que ve y busca las causas.
Sus conocimientos sobre la psicología y la fisiología del hombre y de la mujer sorprenden. Tenía conocimientos de anatomía y de fisiología, también de la psicología diferencial femenina y masculina, y de las propiedades de muchas hierbas medicinales.
Todo ello lo aplicaba para curar, pero sobre todo creía en la fuerza de la oración. Tenía un verdadero arte de curar.
En su obra Causae et curae (causas y tratamientos) utiliza métodos de medicina natural, pero también una especie de psicoterapia espiritual, en la que emplea la fuerza que le viene de la experiencia de Dios junto con la fina intuición y las dotes de observación que le permiten el conocimiento de las personas para comprender aquello que éstas necesitan. Sus obras lo testifican, aparte de algunos milagros que se le atribuyeron. El hecho es que había pasado la vida escuchando a las personas, observándolas, rezando por ellas. Su arte de curar debía ser una especie de terapia psicosomática que, unida a la oración, tenía efectos sorprendentes. La gente hacía cola ante el monasterio para hacerse curar sus enfermedades. No podemos saber exactamente la terapia que utilizaba, pero debía de emplear hierbas medicinales, ya que las estudiaba y catalogaba, anotando sus propiedades curativas.
Consideraba a la persona en su unidad: física, psíquica y espiritual. Examinaba a la persona entera, se preguntaba el porqué y la causa de la enfermedad. Asociaba la curación del espíritu con la del cuerpo, y al revés. Sabía que los pensamientos y los sentimientos mal integrados pueden enfermar. También empleaba la escucha, una escucha activa y atenta, llena de interés por la persona que tenía delante y sus problemas. Y sobre todo empleaba la oración. La curación no era algo mágico, era por gracia y don de Dios que se servía de ella para dar la salud y la alegría a aquel que lo necesitaba. Y su fama de terapeuta se extendió por muchas regiones. Era una terapeuta holística y humanista.
Es conocida como Sibila del Rin o Profetisa teutónica y el papa Benedicto XVI ha anunciado su decisión de otorgarle el título de Doctora de la Iglesia.
En la época Renacentista, dos hechos históricos marcaron el modo de ejercer la medicina e incluso de enfermar. Por un lado, las grandes plagas que asolaron el final de la Edad Media, que causaron la muerte de 20 a 25 millones de europeos. Por otro, los siglos XV y XVI, tuvieron en Italia el origen de unas filosofías de la ciencia y de la sociedad basadas en la tradición romana del humanismo. Es la época de los grandes anatomistas, cuya evidencia experimental acaba con los errores anatómicos y fisiológicos de Galeno.
Luoyse Bourgeois
En 1563 nace en Francia Luoyse Bourgeois. Su padre es un famoso médico de la época y su madre ayuda a su padre como enfermera. Ellos intentaron enseñarle todo lo que pudieron a su hija, quién pronto demostró sus dotes para la medicina como matrona e investigadora en medicina femenina.
Se casó con un médico pero siguió con sus estudios e investigaciones a pesar de tener dificultades para costearse su formación, ya que las mujeres no cobraban por su labor. En 1598, consiguió licenciarse legalmente, lo que le permitió dedicarse de forma oficial a ejercer la medicina, en concreto como matrona, donde obtuvo excelentes resultados.
En 1601, María de Medici, esposa del rey Enrique IV, aconsejada por varias señoras de la Corte Real, hace llamar a Luoyse para que la asistiera en el parto de su primer hijo, el futuro rey de Francia. Quedó tan complacida con su asistencia que requirió sus servicios para los siguientes cinco hijos que tuvo. Recibió 500 libras por cada hijo y 300 libras por cada hija, algo inaudito, cuando las comadronas que asistían a la familia real o la nobleza solían cobrar 50 libras, cuando no lo hacían gratis. El rey Enrique IV le asignó 300 libras como jubilación.
Se dedicó a investigar, e incluso llegó a escribir un libro. Además de sus descubrimientos en el campo de la obstetricia, asoció la mala alimentacion como uno de los factores que conllevaban a la anemia y la utilización del hierro para su tratamiento.
En la Edad Moderna, en el siglo XVII, los médicos se atreven a sugerir el estudio interno de las personas después de muertas, lo que serviría para conocer más las causas de las enfermedades y poder aplicar mejor la medicina en las personas enfermas. El primer médico que abrió un cuerpo fue quemado, pero otros estudiosos como William Harvey o Miguel Servet, se dedicaron a investigar a escondidas en los depósitos de cadáveres.
Más tarde en el siglo XIX, el invento del microscopio óptico, permitió a los investigadores descubrir las causas de las enfermedades y descartar definitivamente a los malos espíritus del mundo de la medicina.
En el mundo moderno hasta la segunda mitad del siglo XIX, las escuelas médicas estuvieron cerradas para las mujeres y si alguna ingresaba, era clandestinamente. No es hasta finales del siglo XIX que las universidades de varios países del mundo admitieron a las mujeres como estudiantes, como profesoras o como practicantes de la medicina.
En esta época destacaron:
Marguerite de Terte, en 1677, registró sus experimentos sobre el líquido amniótico y el suero sanguíneo.
Mari Anne Victorine Boivin
Charlotte von Sichold
Mari Anne Victorine Boivin, en 1773, hizo descubrimientos anatómicos relacionados con el embarazo, fue quien utilizó por primera vez un estetoscopio para escuchar el corazón del feto. Su obra sobre las enfermedades del útero, fue durante muchos años el libro de texto primordial para el estudio de la ginecología.
Charlotte von Sichold Heidenreich, en 1817 publicó sus trabajos sobre el tratamiento de los embarazos extrauterinos.
Harriet Hunt
Harriet Hunt (1805-1875), intentó asistir a clases en la Harvard Medical Scholl. En un principio fue aceptada por la facultad, pero a petición del decano de esta escuela, los estudiantes (todos hombres), rechazaron su ingreso con argumentos francamente misóginos. Finalmente, sorteando toda clase de dificultades, obtuvo un doctorado en Siracusa como médico homeópata. Llegó a ser profesora de obstetricia y enfermedades de la mujer y los niños en el Rochester College. Más tarde  emigró a Londres donde se dedicó a la frenología.
Elizabeth Garret Anderson
Elizabeth Garret Anderson (1836-1917), enfermera del Middlesex Teaching Hospital, estudió con maestros particulares y asistió a todas las clases de química y anatomía que pudo. Al obtener certificado de honor en todos sus exámenes, le rogaron que mantuviera en secreto sus éxitos. En 1866, cuando un renombrado médico visitó la clase y formuló una pregunta que sólo ella pudo contestar, los estudiantes varones pidieron su expulsión. Como no fue admitida en las universidades inglesas, estudió francés y se inscribió en la Universidad de París, que empezaba a admitir mujeres en los cursos de medicina. Fue la primera mujer en presentarse a los exámenes para obtener el título de médico, que recibió en 1870, pero el Registro Médico Británico se negó a reconocer el título expedido en Francia. No obstante, inició con éxito su carrera de cirujana y fundó una clínica para mujeres. Posteriormente llegó a ser presidenta de la London School of Medicine for Women y durante 19 años fue la única mujer miembro de la British Medical Association. 
Matilde Montoya
Matilde Montoya (1859-1938), fue la primera mujer médica graduada en México. Después de estudiar en las ciudades de México y Puebla, recibe en 1873 el título de Obstetra, más no satisfecha decide continuar con los estudios preparatorios y después pide su ingreso en la Escuela Nacional de Medicina, hasta convertirse en la primera mujer mexicana que recibió el título de médico cirujano, en 1887. 
En 1925, junto a la doctora Aurora Uribe fundaron la Asociación de Médicas Mexicanas. Matilde logró que el término de "partera" no fuese usado de manera despectiva, precisamente por esto fue una de las mujeres más vitoreadas  y de las que más se habla en esta época.
En la Edad Contemporánea, en el siglo XX y parte del XXI, la medicina ha avanzado a pasos agigantados. Hoy se tiende a intentar que el paciente colabore en su tratamiento, informándole de forma puntual y precisa de todas sus dolencias y enfermedades a fin de que asuma un papel activo en su recuperación.
En esta época han destacado las siguientes premio Nobel en medicina:
Gerty Thresa Cori
Gerty Thresa Cori, nacida en Praga en 1896 y nacionalizada estadounidense, es la primera mujer a nivel mundial en ser galardonada con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Lo obtiene por descubrir el mecanismo por el cual el glucógeno (un derivado de la glucosa), se convierte en ácido láctico en el tejido muscular y luego es resintetizado en el cuerpo y almacenado como fuente de energía (conocido como el ciclo de Cori). 
Obtuvo también un reconocimiento a su trabajo en el esclarecimiento del metabolismo de los carbohidratos. 
Junto a su marido, estudiaron el papel de los azúcares en el cuerpo animal y los efectos de la insulina y de la adrenalina. 
Fueron pioneros en la investigación de hormonas y enzimas, las proteínas que permiten a las células funcionar, crecer y reproducirse. 
Rosalyn Yalow
Rosalyn Yalow, nacida en EE.UU. en 1921, fue galardonada con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1977 por su técnica de radioinmunoensayo. Dicha técnica permite analizar químicamente los tejidos y sangre humanos para detectar enfermedades, como la diabetes. 
Revolucionó los métodos de diagnóstico  porque utilizaba una parte muy pequeña de sangre o tejido, es relativamente barata y fácil de efectuar. Los bancos de sangre utilizan RAI para asegurarse que la sangre que utilizan en los hospitales no porta enfermedades. También sirve para detectar el uso de drogas, la presión sanguínea alta, la infertilidad, identificar a tiempo el hipotiroidismo en bebes y prevenir su retraso mental y muchas otras enfermedades.
Un aspecto notable de este invento es que no fue patentado, permitiendo su uso a toda la humanidad.
Barbara McClintock
Barbara McClintocknacida en EE.UU. en 1902. Fue una científica especializada en citogenética.
Se doctoró en Botánica en 1927 por la Universidad Cornell, donde lideró el grupo de citogenética del maíz, logró identificar 10 cromosomas del maíz.
Debido al gran nivel de su trabajo científico, fue galardonada en varias ocasiones, entrando a formar parte de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. en 1944.
Obtuvo el Nobel en Fisiología y Medicina en 1983 por su descubrimiento  de elementos genéticos móviles, treinta años después de que realizara dichos descubrimientos. 
Académicamente recibió catorce doctorados honoris causa en Ciencia, así como uno en Humanidades.
Rita Levi Montalcini
Rita Levi Montalcini, nació en Turín en 1909. Obtuvo la licenciatura en Medicina, doctorándose en Neurocirugía. 
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, emigró a EE.UU. donde trabajó en el laboratorio Viktor Hamburger del Instituto de Zoología de la Universidad de Washington. 
Sus trabajos conjuntos con  Stanley Cohen, sirvieron para descubrir que las células sólo comienzan a reproducirse cuando reciben la orden de hacerlo, orden que es trasmitida por unas sustancias llamadas factores de crecimiento. Este trabajo avanzó el conocimiento de algunas enfermedades neurológicas y su tratamiento, el desarrollo de terapias de regeneración de tejidos y el estudio del cáncer. 
Obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 1986 que compartió con Cohen.
Chistiane Nüsslein-Volhard
Christiane Nüsslein-Volhard, nació en Alemania en 1942. Estudió inicialmente Biología en Fráncfort, después cambió a Física y posteriormente a Bioquímica. 
Trabajó en el Instituto Max-Planck en Tübingen, donde realizó los descubrimientos por los que recibió el Nobel de Medicina en 1995 junto con Edward B. Lewis y Eric Wieschaus. Dichos trabajos permitieron estudiar el sesarrollo embrionario de la mosca de la fruta (Drosóphila) e identificar las mutaciones y varios genes que funcionan controlando el desarrollo embrionario, genes de efecto materno. 
Desde 1985 dirige la división de genética del Instituto Max Planck de Biología del Desarrollo en Tübingen (Alemania), con lo que se convirtió en una de las cinco mujeres directoras, entre los más de doscientos directores.
Gertrude Belle Elion
Gertrude Belle Elion
Gertrude Belle Elion, nació en Nueva York en 1918, de origen judío. Se licenció en el Hunter College en 1937 y en la Universidad de Nueva York en 1941. Trabajó como asistente de laboratorio y profesora de instituto antes de convertirse en asistente de George H. Hitchings en la compañía farmacéutica Burroughs-Wellcome (actualmente GlaxoSmithKline). Nunca obtuvo un título formal de doctora, pero posteriormente fue reconocida con un título honorario por la Universidad George Washington. Enseñó en la Universidad de Duke.
Trabajando junto a George Hitchings, revolucionaron la producción de medicamentos y la medicina, pues en vez del método tradicional de prueba y error, estudiaron las sutiles diferencias en la reproducción celular y desarrollaron drogas que interrumpían el ciclo celular de las anormales, sin alterar las sanas. Sus medicamentos hicieron posible los transplantes de órganos. Sus drogas hicieron que la leucemia infantil dejara de ser mortal (hoy en día, sobreviven el 80% de los que la padecen). También desarrolló tratamientos para gota y herpes (enfermedades que pueden ser fatales para pacientes que reciben quimioterapia) y desarrolló la primera droga que destruye virus. Su investigación sentó el fundamento de la AZT, que durante años ha sido la única droga aceptada en USA para los pacientes con SIDA. 
En 1988, recibió el Premio Nobel de Medicina, conjuntamente con George Hitchings y Sir James Black. En 1991 le otrogaron la Medalla Nacional a la Ciencia y en 1997 el Premio Lemelson-MIT al logro de toda una vida. En 1991 se convirtió en la primera mujer en pertenecer al National Inventors Hall of Fame. Murió en Carolina del Norte en 1999, a la edad de 81 años.

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